Enero cerró en la cordillera de Chubut con una fiesta distinta. No hubo artistas de renombre nacional e internacional. Las verdaderas estrellas fueron ellos: los carreros o catangueros. Aquellos que hoy nos trasladan al ya siglo pasado para mostrarnos su sacrificada subsistencia. Hacha en mano se adentraban en tupidos montes para recoger leña, cargarla en modestos y artesanales carros de un solo eje, con ruedas de madera recubierta con aro de hierro. Cargado hasta dónde se podía y con una yunta de bueyes amansados tomaban un sinuoso sendero de tres leguas para vender la leña a los pobladores de Esquel. Con la llegada del gas a los hogares de la ciudad, fueron desapareciendo pero muchos de ellos aún viven y cada enero se presentan en sociedad ahí, a orillas del río Percy para mostrarnos sus carros, sus bueyes, sus destrezas.
La Fiesta del Carrero tuvo lugar en el predio "Francisco Heraclio Millapán" que está ubicado a sólo 12 kilómetros de Esquel. Para llegar hay una trepada -por ruta de ripio- que atraviesa el bosque municipal con puntos panorámicos de increíble belleza que permiten ver toda la ciudad y el valle 16 de Octubre. En Alto Río Percy el curso de agua pasa encajonado y a sus orillas la gente acampa debajo de mimbres negros que aportan sombra y reparo. No faltó el asado de ternera y hasta hubo curanto.
Bajando la cuesta, los carreros van en fila para transformarse en los protagonistas de un encuentro que se renueva en enero desde hace 11 años. Un valioso rescate cultural. Los hombres que honran la tradición son Juan Vitalio Díaz; Policarpo Antiñanco; Jorge Pallacán; Juan Millapán y Néstor Delgado.